miércoles, 30 de mayo de 2012



Son las seis de la mañana. Suena la radio, esta inoportuna, ahora que estaba con mi mejor sueño, pero, ¿qué dice?:
El presidente del gobierno anuncia la aprobación del decreto ley con los recortes de gastos para las administraciones públicas y la continuidad en la congelación salarial de los funcionarios”, relata el lacónico locutor.
Cambio inmediatamente de emisora y decido quedarme en mi sueño. Sonará de nuevo , seguro,  porque la he programado para que me recuerde tres veces quien soy, donde estoy y sobre todo que tengo que levantarme para ejercer de funcionaria.“Dále a tu cuerpo alegría Macarena, tu cuerpo es pa darle alegría y cosa buena….. Otra vez, el maldito aparato. Miro el teléfono y pienso  en lo indispuesta que estoy. Llamaré…. . Desisto.Venga , arriba.
Las 7,30. Salgo de casa, como siempre deprisa y retrasada. Recorro la jungla de asfalto de mal humor. Este cambio de horario, inflexible, inconciliable y tenaz va a acabar conmigo. En el trayecto elucubro y retomo mi sueño: me subo al vagón de los futuristas, desenfundo mi mano izquierda, apunto su dedo corazón hacia la maquinita de fichar  y encajo mi huella digital. Son las ocho en punto: “toma del frasco, carrasco. Llegué la primera”
Entro relajada, despreocupada y sonriendo. Veo  a todos mis colegas abalanzándose hacia el reloj que hoy he inaugurado yo. Se apelotonan y ponen en la cola el dedo con la cuestión digital. Yo discretamente para no incomodar  me adelanto hacia mi despacho.
Me vuelve a entrar la zozobra. Ahora solo tengo presente el trabajo que me espera. He de poner al día estos informes que tengo pendientes. Enciendo el ordenador. Me recibe con ese guiño camelador  invitándome a introducir la contraseña. ¿Sabrá el aparatito lo que traigo entre manos y lo que voy a hacer?, ó ¿quizás porque lo sabe, el sádico de él coquetea conmigo?  Cojo el ratón y comienza mi aventura. Tecleo y tecleo mi contraseña. No hago más que dar vueltas al ratoncito y no hay forma de centrarlo. De repente leo un aviso informándome que mi contraseña ha caducado y que la cambie. Empezamos bien. No quiero decir, que nueva  contraseña pongo…Por fin….se abre.
Miro mi correo. Los primeros comunicados de la mañana, recuerdan a todo el personal sobre el nuevo horario con ampliación de media hora diaria y la obligación de cumplirlo “a rajatabla”. Otros muchos e-mails versan sobre comunicados sindicalistas que nos invitan a oponernos al nuevo horario, protestar por los recortes, acudir a las manifestaciones, etc. Lo tengo en cuenta, pero  he de acabar los informes. Tecleo, tecleo y tecleo. Visualizado el PDF y listo para imprimirlo, aparece otro nuevo aviso en la pantalla: “este programa necesita actualizaciones de fuentes japonesas”, me comunican desde el  más allá del disco duro. O sea, que es cierto lo de la invasión de los japoneses. Y esto, ¿a quien se lo explico yo? y ¿en qué idioma?.
Llamo a averías, me atiende un contestador pidiéndome que espere a que se ponga en contacto conmigo un agente. Elucubro de nuevo y pienso como me entenderé con el japonés que me conteste .Espero y de repente me contesta una voz en gallego. Ni rastro del lenguaje nipón. Se me quita un peso de encima. Le describo mi problema, hace atestado de la situación y me comunica que va a trasladar la incidencia a proceso de datos y me llamarán mañana.
Respiro, espero y elucubro de nuevo. Me voy ahora al vagón del los utópicos. Estoy segura que mañana encenderé el ordenador y un japonés me habrá solucionado mi problema, completado mis informes y puesto al día mi trabajo retrasado. Esperaré….
Inicio la atención al público que espera pacientemente su turno. Escépticos y desilusionados demandan prestaciones, servicios y ayudas que antes de llegar  a recibirse ya las han quitado. Impotentes y enojados, descargan sus enfados y malos estares en esta oficina que han denominado de bienestar  social. Y de nuevo, me proyecto. Esta vez me estaciono en el andén de “Basta Ya”, y me uno  con la multitud que se rebela  contra esta burocracia opaca y  gris que nos rodea .Dejo mi huella digital cristalizada, pero no solo con  un dedo. Son los cinco dedos, los que quedan impresos en la maquinita controladora de tiempos.   Además,lo firmo y lo rubrico.

jueves, 17 de mayo de 2012
        
          En este  aniversario del 15M hemos visto como el movimiento ciudadano no sólo no ha desaparecido sino que se han incorporado a sus filas los autodenominados “yayoflautas”. Para los que han intentado desprestigiar el movimiento con adjetivos clasistas y despreciativos como   “perroflautas”,  “tocacazuelas” y “nostálgicos del 68” creyendo que  así desaparecerían del mapa de sus ciudades,  ahora  “si  no quieren caldo  tendrán que tomar tres tazas” porque  se han unido a la plaza los yayoflautas, con denominación de origen propia y presumiendo de pedigrí… Ole, ole y olé.
            Los yayoflautas, ya entrados en años, muchos abuelos, son y seguirán siendo mucho más que una mera presencia en las plazas. Ellos reivindican también  los derechos perdidos que tanto les ha costado adquirir y por los que tanto han luchado. Han visto desaparecer la dictadura con  la que tuvieron que vivir muchos años, nacer  la deseada democracia, verla   madurar y disfrutarla con unos derechos sociales que nunca antes habían tenido.
            Sin democracia, era la beneficencia la que protegían sus derechos, infundiéndoles una caridad altruista, sentando pobres en la casa de sus  benefactores. Con la democracia que ahora defienden en las plazas, adquirieron  su protección social, sanitaria y  educativa por derecho  y así se lo han trasmitido a los hijos y nietos que los acompañan en las concentraciones del 15M.
            Hoy los yayoflautas salen a reivindicar esa democracia real y transparente por la que ellos más que nadie han luchado y  se han unido a tod@s los “quiceemes” retando al miedo, la mentira, el engaño,  el  desengaño , la impotencia y  la impasibilidad.
            Los yayoflautas son actualmente el “colchón económico” de todos sus descendientes que no  pueden acceder al trabajo ni al estudio,  a los que han desahuciados e  hipotecado. Son el verdadero sustento social de los estudiantes no becados, los  licenciados parados, los hijos y nietos endeudados  , los  familiares enfermos a los que la sanidad y los servicios sociales  les da la espalda y de los  han tenido que emigrar para encontrar fuera lo que les han robado dentro de este país.
            Quiero desde este blog  hacerles un homenaje por todo lo que su presencia supone de lucha  y valentía, dejando en evidencia lo que nuestros dirigentes no quieren evidenciar con sus “no recortes económicos” sus “no reformas laborales” y sus “no decretos de gasto público”. 
       Para los  ajustes "desajustados", las reformas estructurales "desestructuradas" y los "decretazos" decretados todos los  “quinceemes” y  sus yayoflautas  son necesarios no solo cada  15 de Mayo  sino todos los días del año.

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