martes, 19 de noviembre de 2024

CUANDO LO NORMAL SE COVIERTE EN ANORMAL


 

En estos días las noticias nos han inundado no solo del agua y fango que ha dejado la DANA, sino también de otra clase de tormenta: una DANA de reproches, insultos y enfrentamientos entre la clase política y algunos de sus seguidores exaltados. De repente, en este contexto, se hace viral el abrazo entre dos senadores de los principales partidos políticos (PP y PSOE) de la comunidad valenciana, mostrando su unión ante la adversidad y su solidaridad para trabajar juntos por sus ciudadanos.

Este gesto que debería considerarse normal, ha pasado a la categoría de “anormal”, En este tiempo donde el insulto y la confrontación se han convertido en prácticas cotidianas y estas “anormalidades” se asumen como normales, ver a dos políticos humanizarse se convierte en noticia destacable y titular de lo que ahora consideramos “la nueva normalidad”.

Hemos dejado de sorprendernos cuando lo cotidiano se manifiesta en desprestigio y desvalorización hacia los demás y lo habitual se ha convertido en costumbre aceptando como lógico lo que en realidad es profundamente ilógico. En este contexto, términos como solidaridad se han usado reiteradamente, aunque sin un verdadero reconocimiento de la responsabilidad individual.

Estamos viviendo en medio de una relación tóxica entre administraciones y políticos, que nos invitan diariamente a normalizar “lo anormal “de convivencia tensa y confrontativa.

Sin embargo, en medio de la adversidad, un gesto de humanidad tiene el poder de romper esta dinámica. Por eso, un simple abrazo y un acto de solidaridad pueden hacerse virales.

Es evidente que la humanidad tiene un poder mayor que cualquier confrontación y un abrazo puede ser el inicio de una nueva normalidad, pero no podemos ignorar que las reticencias al cambio están profundamente arraigadas en las dinámicas del poder donde la confrontación a menudo se premia más que la cooperación. Por eso mantener la solidaridad en el ejercicio del poder exige voluntad y compromiso. No basta con gestos simbólicos si no se convierten en un modelo de conducta sostenible.

Si aspiramos a convivir en una sociedad más saludable, con relaciones libres de reproches, no deberíamos regresar a la vieja normalidad. En su lugar, deberíamos trabajar colectivamente para construir una “nueva normalidad” basada en la empatía, el respeto y colaboración incluso en medio de intereses contrapuestos.