martes, 24 de febrero de 2026

EN LA PELUQUERIA

 

Siempre se ha dicho —y mis diferentes peluquer@s me lo han corroborado— que las peluquerías son un lugar por donde pasan diferentes tipos de cabezas, no solo y exclusivamente asociadas a nuestros pelos, sino también a distintas personalidades que dan rienda suelta a diversas y variadas experiencias de vida, y a alguna que otra manía, sus  TOCs declarados  y sus pequeñas o grandes  excentricidades cotidianas.

No es extraño, por tanto, que l@s peluquer@s ejerzan a ratos de estilistas, a ratos de confesores, y en ocasiones de psicólog@s exprés, haciendo uso de tijeras, peines y secadores frente a extraordinarias demandas.

Esta tarde, en la peluquería que frecuento he presenciado con una clienta una escena especialmente particular.

Mary, pasamos al lavabo —le dice la peluquera.

Mary se levanta, apoyada en una muleta, y responde con absoluta tranquilidad:

Sí, sí, que hace dos meses que no me lavo la cabeza.

En ese momento, la peluquería queda en silencio; hasta los secadores parecen dejar de sonar.

Pues ya me lo podías haber dicho antes, para ponerme el EPI —le contesta, en tono jocoso, la peluquera que la atiende habitualmente.

Mary, imperturbable, añade:

Ya me decía mi hija que me la tenía que lavar, pero no me podía agachar y en casa no tengo los útiles que tenéis aquí para hacerlo —responde, justificando la falta de atención a su pelo.

Finalizada la parte del lavado, llega al corte de pelo. Para ello, le pide a su peluquera que le proporcione la última revista del corazón donde sale la Preysler, para que se lo corte igual que lo tiene ella. No aparece. No importa. Sigue buscando. Inicia el recorrido visual fijándose en otras famosas que lo llevan a su gusto y va señalando cada una de ellas.

-Este… no. Este sí… pero más corto. Bueno, mejor como este otro… pero con flequillo.

La peluquera comienza a cortar despacio, poco a poco, con precaución, intuyendo lo que su clienta no quiere y dudando de lo que quiere.  De repente, Mary ve otra fotografía y dice:

Ahora, mejor córtame el flequillo como este.

Cambio de planes. La peluquera deja el capeado que estaba haciendo y se centra en ese flequillo que obsesiona a la clienta.

Bueno, a ver qué me hacéis y que no sea una desgracia —dictamina Mary, en su alegato final

La peluquera remata su trabajo diciéndole:

Tranquila que este corte está garantizado. Después de dos meses de resistencia, tu pelo ya ha demostrado gran personalidad.  Lo vamos a diseñar a largo plazo.

Desde mi espejo, llevo todo el tiempo observando la escena, sin poder contener mi sorpresa y admiración ante la paciencia de las peluqueras y el uso de sus particulares terapias.

Una de ellas se acerca y me susurra:

Esto es habitual con Mary. Ya la conocemos desde hace mucho tiempo y hoy tiene el día bueno….

Mi sonrisa se convierte en una amplia risa compartida.

Pago mi sesión, y antes de irme les deseo suerte para la traca final de peinado con secador, alisador y lo que haga falta.

Impagables estas sesiones de peluquería…

 

viernes, 30 de enero de 2026

SILENCIOS INNECESARIOS

Al hablar de los silencios, podemos hacer muchas lecturas: del silencio interior que nos relaja, el exterior que nos aleja del ruido, el prudente que evita conflictos, ….

Son muchos los tipos de silencio: el prudente, el mentiroso, el cómplice, el justo, el injusto, el necesario y el innecesario. Es en el silencio innecesario en el que me quiero detener; concretamente, en el silencio dentro de los entornos laborales.

Dando por bueno y necesario el silencio prudente y justo, hemos de cuestionarnos el innecesario e injusto que, con frecuencia, manifiestan los empleados ante las indicaciones de sus jefes. Es el silencio sometido, aquel que se manifiesta en contra de los principios de la verdad y la dignidad, y que tiene poco que ver con el asertividad y la resiliencia.

Las causas son múltiples y complejas: miedo a las represalias al expresar opiniones críticas, lealtades mal entendidas o el deseo de no explicitar problemas para no «perjudicar o crear más complicaciones».  Cuando un trabajador se siente reprimido, cuestionado e infravalorado, el silencio no es gratuito. Se traduce en altos niveles de ansiedad, estrés y frustración, que derivan en desinterés e ineficacia en el trabajo.

No es lo mismo sugerir que exigir, coordinar que supervisar, ni disponer que imponer. La verdadera herramienta frente a la imposición es la escucha activa. Desde ella se puede generar la crítica constructiva que rompa silencios innecesarios ante indicaciones indignas e injustas.

Toda esta realidad invita a reflexionar sobre quien calla ante la imposición: no es lo mismo silenciarse que reivindicarse. El silencio cómplice impide crear diálogos con libertad, sin miedo al juicio. La desobediencia justificada ante una orden injusta, ejercida con responsabilidad, es un derecho legítimo para proteger la ética y la profesionalidad.

El buen hacer profesional no se sostiene sobre silencios innecesarios sino sobre la necesidad de nombrar lo que es injusto.

 

 

jueves, 8 de enero de 2026

CASTING PARA PROPIETARIOS DE VIVIENDAS DE ALQUILER


Recientemente escuché en una entrevista como un inquilino obligado a compartir piso relataba haber pasado por “el primer casting en su vida” para poder acceder a que un propietario le alquilara su vivienda.

El proceso de selección impuesto por los propietarios de las viviendas es una carrera de obstáculos cada vez mayor, diseñada para excluir. Quienes aspiran a alquilar se enfrentar a listas interminables de requisitos:  desde el pago de fianzas desproporcionadas y abusivas, sometimiento a indiscretas y innecesarias preguntas personales sobre gustos, rutinas y relaciones afectivas, hasta pedir cartas de motivación, acompañadas de fotografía, para convencer de la necesidad de acceder a un alquiler.

Exigencias como saber el origen y la nacionalidad las personas, salarios estables y fijos que superen ingresos mensuales inalcanzables, o limitar el número de miembros de la unidad familiar, visualizan sesgos ilegales e inadmisibles.

Así que, ya que hay casting, propongo desde estas líneas invertirlo.

Requisitos para propietarios que quieran poner sus viviendas en alquiler:

·       Antecedentes de prácticas especulativas

·       Historial de corrupción y blanqueo de dinero.

·       Informes que acrediten ausencia de actitudes homofóbicas, racistas ó  aporofóbicas.

·       Presunción de legalidad e integridad.

·       Solvencia ética y responsabilidad social.

 

Todo ello respaldado con contratos respaldados por avales no especulativos.