viernes, 1 de noviembre de 2013


           Es así como el presidente de Venezuela denomina al Viceministerio que ha creado recientemente en su país. Reconozco que la noticia me inquietó al pensar que ya nadie podía proporcionar la plena felicidad en tiempos tan convulsos como los que estamos pasando. Me dije: “sigue leyendo atentamente que igual esto lo hacen importable a nuestro país”. Con este Viceministerio Maduro quiere  constituirla  gran oficina de beneficencia de mando centralizado, desde donde se  cursen reclamos y necesidades de los venezolanos más vulnerables y el Gobierno tenga claro a quién pedir cuentas”. (Ver). Y por si esto no era suficiente, la  intención última del dirigente venezolano es llevar las misiones (programas sociales) hasta el cielo en agradecimiento a Hugo Chávez. Casi nada. De aquí  el matiz de la “suprema” felicidad, digo yo. Lo más triste  de este esperpento que escenifica Maduro, lo sufren  los ciudadanos venezolanos con una  deuda pública que supone más del 57% de su  PIB,  sus desabastecimientos y el  vía crucis que cada día han de pasar para conseguir los ingredientes de casi cualquier comida.
          La felicidad se está convirtiendo en asunto de estado en muchos países y no es éste, aunque sea el más esperpéntico, el primer mandatario, que la ha utilizado en sus campañas  políticas y en sus programas electorales. Sin ir más lejos, nuestro presidente Rajoy en uno de sus mítines electorales del 2011, dejó patente que “aspiraba a devolver la felicidad a la sociedad española”(ver).  Y a ello se puso sin dilación nada más ser investido presidente de gobierno. Más que crear como lo hace Maduro, Rajoy se inicia en el camino de las reformas: reformas estructurales, de sanidad, educación, justicia, de la administración pública, reforma laboral, del estado de bienestar, de las pensiones…. Es así como comienza a esparcir la dosis de felicidad prometida: un lote para la iglesia, otro para los grandes empresarios, otro para el capitalismo exacerbado y otros para  de los especuladores de la banca, y la ansiosa troyka financiera. De esta forma  incrementa en un 13% a los millonarios de este país y suma más  de tres millones de personas a la pobreza más severa. A esto le ha llamado “recuperación”. En estas estadísticas queda evidente que ni el ciudadano de a pié, ni los trabajadores, ni los sectores más vulnerables han sido los destinatarios de la “felicidad recuperada”.
Llegados aquí, propongo un ministerio sin cartera que impida hacer caja a otras carteras ya repletas y ávidas más que de crear en “intervenir". Porque la felicidad no se consigue si antes no se ha pensado en las necesidades reales de los seres humanos, a este ministerio lo denomino “Ministerio de la Suprema Humanidad” que devuelva todos los derechos sociales robados, recomponga las estructuras que los sustentaban y permita vivir digna y tranquilamente a sus ciudadanos sin más intervencionismos ni promesas de falsa felicidad.



Os dejo con la dosis de felicidad que nos da Rosanna a través de este video


3 comentarios:

  1. Muy interesante el artículo... hay otro muy interesante sobre como publicar tu CV en http://www.aboutalloow.blogspot.com.es/

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